Indudablemente estamos en la época de lo virtual. En muchos medios existe el aprendizaje de situaciones profesionales complejas o hábitos de vida saludables con ayuda de simuladores, como pueden ser los videojuegos. Quizás lo mas conocido son los simuladores de vuelo, con los que se entrenan los pilotos para situaciones complejas que raramente se dan en la vida real y que necesitan una cierta capacidad de reacción específica que puede aprenderse previamente. En ese mismo contexto, las empresas de seguridad y de armamento también tienen algo similar. En el mundo de la medicina esto no está desarrollado.

Aunque la tecnología existe y ya hay robots que nos ayudan a operar con gran precisión en entornos muy pequeños en la cirugía urológica por ejemplo.

Sin embargo el aprendizaje sigue realizándose en pacientes reales, sobretodo en cirugía, siempre con la supervisión de un médico de mayor categoría. De hecho la residencia médica, MIR, es lo que va desarrollando. Se van asumiendo procedimientos mas complejos y con menor supervisión según se va avanzando en año de residencia y por lo tanto en experiencia.

También existen los cursos clásicos de aprendizaje de distintas técnicas sobre cadáveres que son de gran utilidad para los profesionales. En determinadas especialidades, como en la odontología y en los primeros auxilios, se usan fantomas o muñecos para realizar simulaciones de los tratamientos que se van a realizar.

Pero al final, todas las técnicas médicas específicas requieren el uso coordinado de las manos y el cerebro.

Bien es cierto, que varios estudios han puesto de manifiesto mayor habilidad quirúrgica en los residentes médicos aficionados a los videojuegos que en aquellos que no jugaban. E incluso que los adolescentes aficionados resolvían mejor una cirugía virtual que los médicos residentes.

Estos videojuegos pueden ser un primer paso para intentar en el fondo lo más difícil, que es tener las habilidades para enfrentarse con grandes posibilidades de éxito a situaciones en el quehacer médico que no se presentan todos lo días. De esta manera, todos podríamos salir ganando. Los médicos, logrando mayor experiencia en menos tiempo, y los pacientes y la sociedad sabiendo que los profesionales que les tratan están a la última.

Podéis ver mi reflexión publicada en el periódico El País aquí.

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Dr. Jorgc Calvo de Mora